martes, 2 de abril de 2013

La luna me sonríe.

A veces me miro y me doy lástima. Vivo atrapado, sin libertad. Sólo de vez en cuando hago algo que me hace sentirme un poco libre, como estar con amigos, algún deporte... Pero no me veo capaz de liberarme del todo, de mandar a la mierda mi vida tal y como otros quieren que sea. No me veo capaz de hacer que mi vida sea sólo mía.

Me da la impresión de que nunca voy a ser libre, y me agobio. Miro al techo de mi cuarto, está nublado, como mi cabeza. Cierro los ojos y veo la niebla que oculta las respuestas a las preguntas que más me importan.

Vuelvo a abrirlos y suspiro. Miro por la ventana, es de noche y el cielo está despejado. Miro las estrellas, y de reojo veo su resplandor, el pálido resplandor de la luna. Sin mirarla directamente, veo cómo me sonríe. Una sonrisa serena que calma todas mis preocupaciones y me tranquiliza. Su serenidad es contagiosa.

Cierro los ojos y duermo. Dormir es la mejor prueba de que no somos libres. Me entrego a mi prisión, confiando en verla sonreír en mis sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario