domingo, 31 de marzo de 2013

Reflejo futuro.

El hombre me mira fijamente. Está cansado, se nota en su mirada. Pero me sorprende la calma que se refleja en sus ojos. Es una persona profundamente tranquila, serena, mucho mayor que yo. Pienso en intercambiar algunas palabras con él, siento mucha curiosidad. Pero algo me impide hacerlo. Algo me dice que ya lo sé todo sobre él.

Pensativo, sigo mirándole fijamente, y él me mira a mí. ¿Quién será ese extraño que me resulta tan familiar?

De pronto, su mirada cambia. Pasa de ser serena a ser algo triste. Su expresión cambia con la mirada y se vuelve también un poco triste. En ese momento siento lástima por él, me compadezco. No sé qué le pasa, pero no me hace falta. Sé que lo está pasando mal.

Su mirada se ha vuelto del todo triste. Se le nota mucho más el cansancio. Por algún motivo debo consolarle. Me acerco a él, dando dos pasos, y él hace lo mismo. Nos encontramos frente a frente.

El hombre me mira fijamente y empieza a sonreír. Su mirada se vuelve alegre, y ahora me resulta más familiar que nunca. Me acerco para tocar su piel. Levanto una mano hacia su rostro para hacerlo. Él no parece asustarse, así que sigo... y toco una superficie helada y pulida. Al tocarla, se vuelve mil pedazos.

Los fragmentos del espejo caen al suelo, haciendo un ruido muy molesto, como sacándome de un sueño. El hombre se ha ido. Ahora veo lo que había detrás del espejo: una ventana. Está abierta, y es de día, pero no entra mucha luz. Me acerco a ella para mirar. Contemplo el paisaje... ningún paisaje; sólo niebla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario