martes, 26 de marzo de 2013

La luna me sonríe.

Miro por la ventana. La luna me sonríe mientras la miro de reojo. Cierro los ojos.

Negro. Silencio. Calma.

Un murmullo llega a mis oídos. Parece el mar. El murmullo se hace más intenso. Ahora estoy seguro, es el mar. Me encuentro en una playa. Siento la arena bajo mis pies. No sabría decir desde cuándo estoy de pie sobre la arena, pero ahora lo estoy.

Abro los ojos pero no veo nada. Me rodea una densa niebla. Casi puedo tocarla... El mar está ahí, lo oigo.

Poco a poco la niebla empieza a levantarse. El sol parece asomarse tímidamente entre las nubes y empiezo a ver a mi alrededor. Estoy en una playa.

Me quedo de pie, esperando a que la niebla se vaya del todo. Las nubes desaparecen y el cielo se queda desnudo.

La luz del atardecer baña la bonita bahía de un resplandor dorado. El cielo es anaranjado y el sol se refleja en el mar, en su ocaso. Una suave brisa acaricia mi rostro.

Me quedo ahí de pie disfrutando de la sensación, y al cabo de un rato empiezo a andar sin prisa. El agua moja mis pies con cada ola, y siento cómo se hunden ligeramente en la arena a cada paso que doy. La sensación es agradable.

El sol se pone y el cielo se vuelve de color violeta. Llevo un rato caminando y me giro para ver el tramo recorrido. Las huellas se han borrado, ¿habrán sido las olas?

Me enfado con las olas. ¿Quiénes son ellas para borrar mis huellas? Me aparto de la orilla y empiezo a caminar por la arena seca. La sensación sigue siendo agradable, aunque algo menos que antes.

El cielo se ha vuelto azul oscuro. Llevo un rato caminando y me giro para ver el tramo recorrido. No hay huellas. Todas se han borrado. ¿Habrá sido la brisa, que arrastra la fina arena?

Me enfado con la brisa. ¿Quién es ella para borrar mis huellas? Empiezo a correr y a saltar con fuerza sobre el suelo. La sensación ha dejado de ser agradable. ¿Qué está pasando? Por mucho que corra, por mucho que salte, no consigo dejar huellas en la arena. Me desespero y corro otra vez hacia la orilla, donde el agua cubra el suelo que piso.

Ya se ha hecho de noche y camino por el agua. No veo el suelo que piso, así que ya no me preocupa si dejo huella o no. Camino hacia lo hondo, el agua cada vez me cubre más. Ahora la sensación es muy agradable, más que al principio incluso.

Han salido las estrellas y sigo caminando mar adentro. El agua me llega al cuello. Llevo un rato caminando, pero no me giro para ver el tramo recorrido. En vez de eso, levanto la cabeza y miro al cielo nocturno.

Las estrellas brillan ahí arriba. Todas brillan. Pero por el rabillo del ojo veo a la egocéntrica luna, acaparando como siempre todo el protagonismo en el cielo nocturno. No la quiero mirar directamente, porque sé que ella me está mirando a mí.

El agua me llega a la boca y noto el sabor del mar en mis labios. Ahora me cubre hasta la nariz. Ya no puedo respirar. Pero a penas me doy cuenta. Sigo mirando a las estrellas, sin perder del todo de vista a la luna.

La luna me sonríe mientras la miro de reojo. Cierro los ojos...

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