Con los ojos cerrados, dejo volar mi imaginación. Veo un mundo lleno de colores y contrastes. Personas, felices y tristes, altas y bajas... Animales correteando. Ciudades llenas de preciosos rascacielos de cristal y selvas llenas de exóticos pájaros de colores. Científicos investigando, médicos curando a enfermos, deportistas entrenando, profesores enseñando...
Veo el cielo, con todas sus estrellas. Veo la tierra, con todos sus continentes y océanos. Si el mundo que veo cada día fuera una obra de teatro, este sería el desenlace, el momento culminante. Es la realidad en todo su esplendor, representada exclusivamente para mí. Me produce una cálida sensación de certeza.
En ese momento abro los ojos. La sensación de certeza y tranquilidad se esfuma, dejando paso a un frío abismo de incertidumbre.
Sólo veo niebla.
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