martes, 2 de abril de 2013

Gira el reloj.

Son las 15:16h. Sobre mi mesa, un montón de papeles desordenados, que esperan su turno. Pero su turno no llega. El aburrimiento que siento me adormece.

Miro las agujas del reloj. La de los segundos avanza segundo a segundo, y acaba de empezar un nuevo minuto, las 15:17h.. La miro fijamente... Parece que va cada vez más lento. ¿Es impresión mía? No, no lo es. Cada vez va más lento, ahora tarda en saltar de un segundo a otro el triple que al principio. Parece que se para, pero al cabo de un rato vuelve a saltar. Cada vez tarda más. Y ahora se para del todo.

La miro, extrañado y curioso. ¿Se habrá quedado sin pilas? No, no puede ser, lo compré hace poco. Está casi nuevo, no se puede haber estropeado ya. Lo dejo estar, y me levanto de la silla. Me acerco a la ventana de mi cuarto y miro a través de ella. Nada raro. ¿O sí?

El día parece haberse vuelto muy veraniego. El sol brilla en el cielo, y no se ve ni una nube. En los árboles, completamente quietos, se ve que no sopla ninguna brisa. Pero cuando miro un poco más abajo, hacia la calle... Un coche está parado en medio de la carretera. ¿Qué le ha pasado? El conductor no parece preocuparse, sigue dentro del coche con las manos en el volante, como si nada pasara. Raro.

Todo está quieto. Hay unos niños sentados en uno de los bordes de la calle, pero no se mueven. Parecen mirar el suelo fijamente.

Llevado por la curiosidad, decido salir a la calle. Me acerco a los niños y saludo, pero no responden, siguen quietos. Me preocupo un poco. Me acerco al coche y abro la puerta. Le pregunto al conductor que si va todo bien, pero no hace ningún gesto en respuesta. ¿Es algún tipo de broma?

Algo asustado, corro al campo. Cerca hay un río, y me dirijo a él. Conforme me acerco me doy cuenta de que algo falla. No se oye el rumor habitual del agua. Y al llegar, efectivamente, no se aprecia ningun movimiento en la superficie del río. No hay corriente, el agua está estancada, como si fuera un lago.

No sé qué hacer, ahora sí que tengo miedo. No hay nadie en mi casa, así que intento llamarles. Pero no hay línea.

De repente oigo un ruido. El aleteo de unas alas. El piar de un pájaro. Y lo veo. ¡Ahí está! Un pájaro vuela hacia mí, y se posa justo delante, sobre una rama. Me mira y canta alegremente. Algo menos asustado, hablo con el pájaro.

-Hola pajarillo. ¿No sabrás algo de lo que está pasando, no?

No esperaba ningún tipo de respuesta, al fin y al cabo sólo es un pájaro. No me he vuelto loco que yo sepa. Pero la respuesta llega. El pájaro salta de la rama y se posa en mi cabeza, empezando a piar más suavemente. como tratando de calmarme. No me ha dado una explicación, pero por lo menos no me ha ignorado como la gente en la calle.

Pero entocnes, el pájaro vuelve a ponerse en marcha. Vuela unos metros y se posa en una rama lejana, sobre un camino. ¿Querrá que le siga?

El pájaro me guía durante un buen rato por un camino que yo nunca había recorrido. Llego a una zona en la montaña en la que nunca había estado, y algo aliviado veo como el cielo comienza a nublarse. Por lo menos ya no está todo parado. El pájaro también parece alegrarse, canta con más ganas.

Nos quedamos en esa zona, en la que hay una piedra muy cómoda para sentarse, desde la cual se ve el río y mi casa. Pero el cielo se nubla más de la cuenta, y las nubes empiezan a bajar a tierra. Empieza a haber niebla, y dejo de ver mi casa. Dejo de ver el río, pero un momento... ¡Ahora lo oigo! Vuelvo a oír el rumor del agua habitual, y eso hace que me vuelva a tranquilizar del todo. Me giro para mirar al pajarillo, pero ya no está en la misma rama que antes. Le oigo, pero no consigo verle.

La niebla se cierra más, y ya no veo nada. Ahora sólo me preocupa no perderme, porque no sé dónde estoy. Pero de alguna forma, el rumor del río y el cantar del pajarillo me tranquilizan un poco. Hasta que el pájaro deja de cantar. Cada vez lo hace más suavemente, y finalmente su canto se pierde en la densa niebla.

Bueno, momento de volver, me digo a mí mismo. Empiezo a andar hacia el rumor del río, con cuidado de no tropezarme. Pero qué extraño... Estoy seguro de andar en la dirección correcta, hacie el lugar del que viene el ruido del agua, pero aun así, cada vez lo oigo menos. El miedo vuelve a mí, esta vez, miedo a perderme. Empiezo a correr hacia el lugar del que viene el sonido, a penas audible ya.

Corro varios minutos y finalmente, el sonido del río deja de oírse. Cansado, me rindo. Decido quedarme donde estoy hasta que pase la niebla. Me siento en una piedra cercana.

La forma de la piedra me resulta familiar. ¡Es la misma piedra que antes! Bueno, casi me alegro. Por lo menos me hago una idea de dónde estoy. Me acomodo, y cierro los ojos. Duermo.

Abro los ojos y veo una mesa llena de papeles desordenados. Mi mesa. ¿He vuelto? ¿Lo he soñado todo?

Miro el reloj. La aguja de los segundos se mueve y está a punto de llegar a arriba. Al hacerlo, comienza un nuevo minuto. Son las 15:18h.

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