En mi cabeza, se arremolinan los pensamientos en forma de densa niebla. Esta sensación de remordimiento, frustración, impotencia... es bastante habitual en mí. Pero nunca me había hecho tanto daño como esta vez.
Nunca he sabido afrontar las dificultades. Siempre encuentro excusas para eludir cualquier tipo de responsabilidad. Con ello, me he acostumbrado a no realizar tampoco ningún tipo de esfuerzo, ninguno que no me apetezca realizar.
Ahora mismo, me encuentro en una de esas situaciones en las que mi mente me pide que me deje llevar y que me evada de las responsabilidades. Llevo toda la tarde evitando la hora de ponerme a estudiar. ¿Por qué me pasan estas cosas?
Si no apruebo mañana, tendré que ir a septiembre. Pero eso no es lo que más me preocupa. Lo que más me preocupa es lo que descubro de mí mismo cada vez que me encuentro en este tipo de situaciones. Mi falta de entusiasmo y de fuerza de voluntad llega a ser egoísta. Egoísta, porque no es justo para la gente que me apoya.
Mi madre, ayudándome a estudiar, empeñada en que sea optimista. Mi padre, llamando todos los días para darme ánimos, enviándome resúmenes, esquemas... Mi abuela, rezando por mí. Mi novia, dándome todo su apoyo, como siempre. Mis amigos, a los que debo tantas cosas, deseandome suerte y confiando plenamente en mí.
Y yo aquí tirado en la cama, pensando... ¿Tan egoísta soy, que voy a darles la espalda a todos ellos y a todo el apoyo que me han dado por dejarme llevar, por no asumir las responsabilidades, por no hacer esfuerzos? ¿De verdad soy tan vago? ¿De verdad tengo tan poca fuerza de voluntad?
Me siento fatal, y aun así no hago nada. Me he ido sintiendo peor conforme avanzaba la tarde. Pero no hacía nada para cambiarlo. En lugar de eso me ponía a hacer otras cosas "importantísimas", convenciéndome a mí mismo de que tenía que hacerlas ya mismo. Sólo para evitar el momento de ponerme a estudiar.
De pie, doy un paso y me acerco al borde del precipicio. Un oscuro abismo delante. Cierro los ojos, a punto de dejarme caer. Pero entonces recuerdo una frase que leí hace unos meses... "Pienso mil veces al día que mi vida externa e interna se basa en el trabajo de otros hombres, vivos o muertos. Siento que debo esforzarme por dar en la misma medida en que he recibido y sigo recibiendo."
Esa frase, la dijo uno de los hombres a los que más admiro, Albert Einstein. Con su trabajo, ha logrado dar en la misma medida en la que recibió, como él mismo dijo. Yo he recibido mucho, de él y de otros tantos a los que también admiro muchísimo (e incluso envidio): Fermat, Mozart, Gauss, Euler, Bach, Tchaikovsky, Newton, Platón, Tesla...
Recibo tanto de todos ellos, a los que ni conozco... y no estoy dispuesto ni a dar una noche de esfuerzo por gente a la que conozco y aprecio.
No sé si me servirá para aprobar o no, pero eso ahora mismo me da igual. La cuesión es que no quiero dejar de intentarlo, como pensaba hacer. Por lo menos quiero tener la sensación de haberme esforzado, de haber hecho el intento. Es lo mínimo que puedo hacer.
Abro los ojos y retrocedo un paso, alejándome del precipicio. Me habría gustado tirarme, pero la frase de Einstein me lo ha impedido, ya no puedo tirarme. Corro, alejándome del precipicio. No sé a dónde llegaré, pero sé que esta vez no me voy a tirar.
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